Me gustaría dedicar esta entrada a las asociaciones de traductores/as, unos grupos de profesionales que luchan cada día por que el papel de los/as traductores/as sea más visible y, por lo tanto, con más derechos.
Supe de la existencia de estas asociaciones en mis tiempos de estudiante. Se trata de grupos de profesionales que unen fuerzas para que el/la traductor/a deje de ser un ente invisible en la publicación de los productos editoriales y sea un/a autor/a por derecho propio. Me entusiasmó tanto la idea de pertenecer a un grupo de personas experimentadas de las que aprender que, cuando me licencié, no me lo pensé dos veces.
En la asociación a la cual estoy inscrita actualmente, por una cuota anual tengo acceso a la bolsa de empleo, descuento en cursos que imparta el grupo y en otros productos como libros y tengo la oportunidad de reunirme con otras asociaciones para intercambiar impresiones. Por eso mismo, aconsejo fervientemente a las personas recién llegadas a este mundillo que se unan a la que más se ajuste a sus necesidades, porque tendrán la oportunidad descubrir de primera mano que la imagen del/la traductor/a encerrado y aislado en su casa se ha convertido casi en un mito.
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