Esta semana me gustaría dedicar la entrada a una habilidad básica que una persona que quiera dedicarse al mundo de la traducción y/o la corrección debería adquirir: saber escribir.
Es posible que algunos/as digan: "Bueno, todo el mundo sabe escribir". Es cierto; ser capaz de plasmar el mensaje de la mente al papel (o pantalla) gracias a la gramática lingüística es algo común por las lecciones de la escuela. Pero me refiero a que un/a traductor/a ha de tener ese talento especial, o al menos una parte, que poseen los escritores. Al fin y al cabo, traducir es transmitir el mensaje de una lengua a otra; se precisan todos los intrumentos posibles para difundirlo. Cuanto más entrenada esté esa capacidad, más recursos podrá disfrutar el/la traductor/a para cumplir con su trabajo.
El/la corrector/a también requiere ese don, sobre todo si corrige el estilo de un texto y el/la autor/a le permite alguna licencia (pactada, obviamente). Por poner un ejemplo, en mi actual corrección de una antología de historias cortas, trabajo codo con codo con el escritor y, cuando encuentro alguna frase sin sentido o incoherente, le ofrezco diversas opciones para que él escoja la que más le guste. De ese modo, los textos quedan a su gusto y gramaticalmente correctos gracias a mi trabajo.
La mejor alternativa para cultivar ese talento es la lectura. Aparte de eliminar errores ortográficos de nuestra mente, se aprenden estilos de escritura, vocabulario y giros lingüísticos que pueden dar a un texto la riqueza de nuestra lengua.
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