domingo, 8 de septiembre de 2013

Un problema (de muchos) a la hora de corregir un texto: las dudas existenciales

Imaginaos que trabajáis de forma autónoma y os encargan la corrección de estilo un texto. Hacéis el presupuesto, os lo aceptan y, los que tengan suerte, reciben el pago acordado por adelantado. En cuanto os ponéis con él, os dáis cuenta de que hay algunas cosas, como frases o párrafos enteros, que no sabéis cómo arreglar porque, simplemente, no entendéis el significado. ¿Cómo salís de ésta?

Por mi experiencia, el mejor regalo para estas situaciones es que estéis en contacto con el/la autor/a para consultar dichas dudas. En el caso de las novelas en las que colaboro con el escritor novato, este trabajo en equipo ahorra horas de revisión de trabajo, tanto por su parte como por la mía. Es más productivo resolver los problemas consultando al/la creador/a que quedarnos cinco, diez o treinta minutos sin saber cómo abordar el asunto o, si lo hacemos, tomar la peor decisión por las prisas.

Resumiendo, cuando tengáis un trabajo basado en la corrección de un texto, la mejor arma para conseguir un producto (casi) perfecto es consultar al/la cliente/a. De esta manera, le demostráis interés por su opinión y por un resultado excelente.

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